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sábado, 29 de septiembre de 2012

Palabras limpias

Yo concibo que es un mal hábito tener preferencias en relación a la Santa Escritura. Debemos preservar este volumen como un todo. Quienes se deleitan con textos doctrinales, pero omiten la consideración de pasajes prácticos, pecan contra la Escritura. Si predicamos doctrina, ellos claman, "..¡Cuán dulce!.." Quieren escuchar acerca del amor eterno, la gracia inmerecida y el propósito divino; y me alegra que lo quieran.
A tales yo les digo: coman de la grosura y beban de lo dulce; y regocíjense porque hay grosuras plenas de médula en este Libro. Pero recuerden que hombres de Dios en tiempos antiguos, se deleitaban grandemente en los mandamientos del Señor. Sentían mucho respeto por los preceptos de Jehová, y amaban Su ley.
Si alguien da la espalda y rehúsa oír acerca de los deberes y ordenanzas, me temo que no ama la Palabra de Dios del todo. Quien no la ama en su totalidad, no la ama del todo.
Por otro lado, quienes se deleitan con la predicación de deberes, pero no le dan importancia a las doctrinas de la gracia, están igualmente equivocados. Ellos dicen, "..Valió la pena escuchar ese sermón, pues tiene que ver con la vida diaria.." Me agrada mucho que piensen así; pero si, al mismo tiempo, rechazan otras enseñanzas del Señor, tienen serias fallas.
Jesús dijo: "..El que es de Dios, las palabras de Dios oye.." Me temo que si consideran que una porción de las palabras del Señor son indignas de su consideración, no son de Dios. Amados hermanos, nosotros valoramos las palabras del Señor en toda su extensión. No hacemos de lado las historias, como tampoco las promesas.
Sobre todo, no caigan en la semiblasfemia de algunos, que consideran al Nuevo Testamento grandemente superior al Antiguo. No quisiera errar afirmando que en el Antiguo Testamento encuentran más lingotes de oro que en el Nuevo, pues de esa manera caería yo mismo en el mal que condeno; pero esto diré: que son de igual autoridad, y que proyectan tal luz el uno al otro, que no podríamos pasar por alto a ninguno de los dos. "..Por tanto, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.."
En todo el Libro, desde Génesis hasta Apocalipsis, se encuentran las palabras de Jehová y siempre son palabras limpias.

Charles Spurgeon (La Biblia probada y comprobada)

jueves, 28 de junio de 2012

Tomando forma de siervo

El servicio cristiano es lo opuesto a los valores del sistema del mundo. “..Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él..” (1º Juan 2:15). Los dos “amores” mencionados en ese versículo son opuestos. El “amor al mundo” es el deseo vehemente de tener lo que el mundo ofrece: Placer personal, posesiones materiales, autoexaltación.
Esas cosas se describen en el pasaje de referencia como: “..los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida..” (1º Juan 2:16). El creyente que ama a Dios debe despreciar ese falso sistema de valores.
Juan continúa diciendo que todas las cosas de este mundo pasan (1º Juan 2: 16 y 17). Nada de lo que hay en él permanece. Los servidores según la Biblia no desperdiciarán sus energías trabajando “..por la comida que perece, sino por la comida que vida eterna permanece..” (Juan 6:27)
Otra razón para la impopularidad de servir es que se opone a nuestros “derechos”. Se nos ha hecho creer que los derechos a tener salud, riqueza y felicidad son inalienables; es decir, no se nos pueden quitar ni transferir a otros, por estar garantizados por la ley. Por esos derechos se llega hasta la guerra.
El cristiano, no obstante, debe aprender la diferencia que hay entre sus derechos como ciudadano de un país y sus derechos en el Reino de los cielos. En el Reino de los cielos, él es un siervo, un esclavo.
¿Qué derechos tiene un esclavo? ¿Sueldo, relaciones, tiempo libre, autoridad, opciones? Ninguno de ellos. El esclavo no tiene absolutamente ningún derecho. Depende completamente de la benevolencia de su amo.
En término humanos, el amo debe ser un capataz severo y la situación intolerable. Pero en el Reino de Dios el Amo es el mismo “clemente y misericordioso Dios” que trata a sus siervos con amor. El hace siempre lo que es justo y lo que les proporciona el mayor bienestar. Sus siervos lo aman y disfrutan sirviéndole.
Sin embargo, como siervos, reconocen que El es el Señor; que toda decisión es suya; que no tienen derechos propios, sino el deber de agradarle y obedecerle a El. Al hacerlo así, están asumiendo el lugar que el Señor Jesús tomó cuanto tomó “forma de siervo” (Filipenses 2:7)

Kenneth C. Fleming
Del libro "Se humilló a si mismo"

lunes, 25 de junio de 2012

Una responsabilidad de cada cristiano

El trabajo es una responsabilidad dada por Dios. Trabajar no es una maldición que ha de evitarse ni algo que ha de buscarse cuando es inevitable. Al contrario, Dios ordenó el trabajo antes de la caída.
No es parte de una maldición. Adán fue puesto en el huerto "..Para que lo labrara y lo guardase.." antes de caer en pecado (Génesis 2:15).
Aún después del pecado (Aunque esto es enormemento agravado por los resultados de la caída y la maldición) es todavía verdad que el trabajo ocupa un lugar muy importante en la vida del hombre.
Antes de cristo, las naciones de la antiguedad despreciaban el trabajo honrado y lo relegaban a los esclavos. Como dijimos en el Capítulo 2, tres cuartas partes de los habitantes de Atenas y la mitad de los de Roma eran esclavos.
En Hechos 17 podemos obtener una pequeña muestra de cómo los "caballeros" no trabajaban en la antigua Grecia cuando Pablo visitó Atenas para difundir el evangelio; el 21 dice: "..Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.."
Cristo revolucionó el trabajo. Al utilizar el serrucho, el martillo y la regla, le dio renovada dignidad al trabajo. Con el correr de los siglos, donde el evangelio ejerció su influencia dentro y a través de un país, llevó a los esclavos y siervos a la categoría de clase trabajadora. Sin trabajo, es imposible para un ser humano cumplir la tarea que Dios nos ha dado para esta vida.

Doctor James Kennedy
Del libro: ¿Y qué su Jesús no hubiera nacido?

sábado, 9 de junio de 2012

El primer deber

Mi deber es orar antes de ver a ninguna persona. A menudo, cuando duermo hasta muy tarde, o recibo visitas en las primeras horas de la mañana, no puedo empezar mi oración antes de las once o las doce.
Este es un mal sistema. Es contrario a la Escritura. Cristo se levantaba antes de que amaneciera e iba a un lugar solitario. David dice: “..De mañana mi oración te previno..” “..Oh Jehová, de mañana oirás mi voz..”
La oración familiar pierde mucho de su poder y dulzura y me siento incapaz de hacer algún bien a los que me buscan. La conciencia se siente culpable, al alma insatisfecha, la lámpara no está arreglada. La oración secreta resulta fuera de tono.
Creo que es mucho mejor comenzar el día con Dios, buscar su rostro, poner mi alma cerca de él antes que de ningún otro.

 

La unción y la predicación

Habla para la eternidad. Sobre todas las cosas cultiva tu propio espíritu. Una palabra que hables con tu conciencia clara y tu corazón lleno del Espíritu de Dios vale diez mil palabras enunciadas en incredulidad y pecado. Recuerda que hay que dar gloria a Dios y no al hombre. Si el velo de la maquinaria del mundo se levantara, cuánto encontraríamos que se ha hecho en respuesta a las oraciones de los hijos de Dios.

El Alma de la predicación

Por la mañana me ocupaba más de preparar la cabeza que el corazón. Este ha sido mi error frecuente y siempre he resentido el mal que me ha causado especialmente en la oración. ¡Refórmame, oh Señor! Ensancha mi corazón y predicaré.

Robert Murray Mc Cheyne

lunes, 4 de junio de 2012

En manos de un Dios airado

Todos los que de ustedes nunca han pasado por un gran cambio de corazón, por el gran poder del Espiritu de Dios sobre sus almas.
Todos los que de ustedes nunca han nacido de nuevo, ni han sido hechos nuevas criaturas, ni han sido levantados de la muerte en el pecado a un nuevo estado, ni han experimentado la luz y la vida, están en las manos de un Dios airado.
Aunque hayan reformado sus vidas en muchas cosas, y hayan tenido afecciones religiosas, y hayan podido mantener cierta forma de religión con sus familiares y cercanos, y aún en la casa de Dios, no es otra cosa que Su mero placer que los preserva de ser consumidos en la destrucción eterna.
No importa cuán poco convencidos estén ahora de la verdad que oyen, a su tiempo estarán plenemente convencidos de ella. Aquellos que han partido estando en las mismas circunstancias en que están ustedes, ven que asi fue con ellos, porque la destrucción vino bruscamente sobre la mayoría de ellos; cuando no la esperaban, y mientras estaban diciendo, "Paz y seguridad" Ahora ven, que esas cosas en las que dependían para la "Paz y seguridad", no eran más que un aire delgado y una sombra vacia.
El Dios que te sostiene sobre el abismo del infierno, mas que uno que sostenga una araña, o cualquier insecto asqueroso sobre el fuego, te aborrece, y ha sido terriblemente provocado. Su ira hacia ti se enciende como fuego. Te ve como digno, pero no para otra cosa que para ser echado en el fuego. Es tan puro de ojos que no puede mantenerte a su vista.
Eres diez mil veces más abominable a sus ojos que lo que la serpiente venenosa más odiada es a los nuestros. Le has ofendido infinitamente más que lo que un rebelde obstinado ofende a su principe, y sin embargo, no es otra cosa que su mano la que te sostiene de caer en el fuego en cualquier momento.
No debe ser atribuido a nadie más el que no hayas ido al infierno la última noche, el que hayas sufrido otra vez el despertar en este mundo, después de haber cerrado los ojos para dormir. Y no hay otra razón que dar de por qué no has caído en el infierno desde que te levantaste en la mañana, que el hecho de que la mano de Dios te ha sostenido.
No hay otra razón que dar de porqué no has ido al infierno, desde que te sentaste aqui en la casa de Dios, provocando sus ojos puros por tu modo pecaminoso e impío de atender a su solemne adoración. Si, no hay otra cosa que dar como razón de por qué no caes en el infierno en este preciso momento.  
Oh, pecador, considera el terrible peligro en que estás. Es sobre un horno de ira, un abismo amplio y sin fondo, lleno del fuego de la ira, en el que estás soportado por la mano de Dios, cuya ira ha sido provocada e inflamada tanto contra ti, como contra muchos de los ya condenados en el infierno.
Cuelgas de un hilo delgado, con las llamas de la ira divina destelleando alrededor, y listas en todo momento para chamuscarlo y quemarlo en dos; y no tienes interés ni por un instante en ningún Mediador, ni en nada en qué aferrarte para salvarte a ti mismo, ni para librarte de las llamas de la ira. Ni siquiera hay algo en ti, nada de lo que hayas hecho ni puedas hacer, para inducir a Dios a perdonarte.....
Por tanto, que todo aquel que esté sin Cristo, despierte ahora y huya de la ira por venir. La ira del Dios Todopoderoso se cierne ahora sobre una gran parte de esta congregación. Que cada uno huya de Sodoma: "..Dense prisa y escapen por sus vidas; no miren tras sí, escapen al monte, no sea que perezcan.."

Jonathan Edwars (Pecadores en manos de un Dios airado)

lunes, 28 de mayo de 2012

John Harper, el Pastor del Titanic

El hundimiento del Titanic cumplió 100 años la semana pasada. Entre los muchos honores, una iglesia escocesa honró a uno de sus pastores llamado John Harper.

El 14 de abril 1912, la revista comercial The Shipbuilder, describió al Titanic como el “..prácticamente indestructible..”, se había hundido con la famosa declaración formulada el 31 de mayo de 1911, cuando un empleado de la Compañía de Construcción Naval de la White Star, dijo: “..Ni Dios puede hundir este barco..”.

El predicador escocés John Harper y su hija Nana, de seis años, se encontraban a bordo del barco que tras hundirse murieron mil quinientas personas. Cuatro años antes, la esposa de Harper había fallecido dejándole una niña llamada Nana que tenía seis años.

El motivo de su viaje en el Titanic, era predicar en una de las iglesias más grandes de los Estados Unidos de la época, la Iglesia Moody en Chicago. La iglesia estaba esperando su llegada, no sólo porque iba a predicar una serie de mensajes, inclusive oficialmente estaba aceptado a que se convirtiera en un pastor en Estados Unidos.
..
Harper, era conocido como un orador interesante y había pastoreado dos iglesias en el Reino Unido, Glasgow y Londres. Su estilo de predicación era apropiado para un evangelista como lo atestiguan las palabras de un pastor amigo. “..Era un predicador del aire, utilizado para hablar a grandes audiencias. Él tenía una gran comprensión de las verdades bíblicas que le permiten hacerle frente con éxito a todos los ataques en contra de la fe..”.

Cuando el Titanic golpeó el iceberg, Harper, como una medida de precaución, puso a la niña en uno de los botes salvavidas, dejándola al cuidado de un primo mayor que también los acompañaba en el viaje (esa medida de precaución le salvó la vida a Nana Harper, que murió en 1986 a la edad de 80 años).

El predicador podría haberse sumado a su hija, pero optó por dar a las personas otra oportunidad de conocer a Cristo. Hay registros de que Harper, le habló a cada persona que estaba en pánico y les expresó acerca de la necesidad de aceptar a Cristo.

Cuando el agua empezó a hundir el barco, Harper oyó gritar: “..Que las mujeres, los niños y los no creyentes suban primero a los botes salvavidas..”. Cuando Harper oyó a un hombre rechazar su llamado a aceptar a Jesús, este le dio el chaleco salvavidas que llevaba y dijo: “..Esto lo necesita más que yo..”. Hasta el último momento que estuvo a bordo del barco, Harper, instó a la gente a entregar sus vidas a Jesús.

Cuatro años después que se hundió el Titanic, durante una reunión, un sobreviviente del Titanic, contó su primer contacto con Harper en medio de las aguas heladas del Atlántico. Él declaró que él se aferraba a un pedazo de madera, cuando Harper nadó hacia él y le dijo: “..Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo..”, pero el hombre rechazó la oferta en un primer momento.

Sin embargo, al oír nuevamente: “..Cree en el Señor Jesucristo..”, y sabiendo que estaba solo, a la deriva, y con dos millas de agua bajo sus pies, aceptó creer en Jesús. Poco después, el sobreviviente vio a Harper que sucumbió ante el frío y se hundió, dijo el hombre ante en la reunión de los sobrevivientes diciendo simplemente: “..Yo soy el último convertido de John Harper..”.

Nana, hija de Harper, fue rescatada y enviada de vuelta a Escocia, donde creció, se casó con un pastor, y dedicó su vida al Señor.

John Harper, nació en un hogar de padres cristianos el 29 de mayo de 1872. Fue en el último domingo de marzo de 1886, cuando tenía trece años de edad que recibió a Jesús como el Señor de su vida. Comenzó a predicar unos cuatro años más tarde, a la edad de 17 años de edad para bajar a las calles de su pueblo y predicarles a los hombres a que reconciliaran con Dios.

viernes, 18 de mayo de 2012

"Son caretas"

Así es el pecado. Nos acostumbramos a él y lo acariciamos cuando es pequeño. Pero cuando crece, termina destruyéndonos completamente.
Es sorprendente que hoy algunos jóvenes confiesen terribles pecados como si estuvieran contando un cuento. Es una señal de la liviandad y decadencia espiritual que padecemos. Llegan como si trajeran un paquete de masas finas en papel de regalo y con moñito, pero cuando lo abren aparecen gusanos, huesos de muertos y hediondez.
Muchos hoy resisten la exhortación en contra del pecado. Prefieren una prédica populista centrada en la satisfacción de los deseos. Enseguida ponen barreras y piensan: “..Me dan palos, no me comprenden..” (Sobre todo si la reprensión viene del padre o Pastor). Esta prédica “populista” va a mandar a miles de personas consoladas al infierno.
Hemos sido leudados por la levadura de los fariseos. Jesús dijo a sus discípulos: “..Guárdense de la levadura de los fariseos que es la hipocresía..”. Uno no se vuelve hipócrita de la noche a la mañana, en un instante, sino que sigue el mismo proceso que la levadura. Y una pequeña medida, con el tiempo, leuda toda la masa. Comenzamos por ocultar un pecado pequeño. Luego otro. Hasta que toda la vida se convierte en una gran simulación. Cantamos, adoramos, y aún cometemos el sacrilegio de participar de la Cena del Señor estando en pecado.
Hay basura debajo de la alfombra, pero rociamos perfume para tapar el hedor. Es como maquillarse para que no se noten las arrugas. Los drogadictos, en su jerga, lo expresarían así: “Son caretas” Describen de ese modo a los que no se drogan pero son tan sinvergüenzas y pecadores como ellos. Sólo que se mandan la parte.

Oscar Marcellino (Del Libro "Violentamente Cristiano")

sábado, 5 de mayo de 2012

"..El que amas está enfermo.."

Observen, primero, UN HECHO que es mencionado en el texto: "..Señor, he aquí el que amas está enfermo.." Las hermanas estaban algo sorprendidas de que así fuera, pues la expresión "he aquí" implica un cierto grado de sorpresa. "Nosotras lo amamos y querríamos sanarlo directamente: Tú lo amas, y, sin embargo, permanece enfermo. Tú podrías sanarlo con una palabra, entonces, ¿Por qué razón el que amas está enfermo?"
Querido amigo enfermo, ¿No te has preguntado a menudo cómo tu dolorosa o persistente enfermedad es consistente con el hecho de ser elegido, y llamado, y ser uno con Cristo?
Me atrevería a decir que esto te deja grandemente perplejo, y si embargo, con toda verdad, no es de ninguna manera extraño, sino es algo que debe esperarse.
No debería sorprendernos que el hombre a quien el Señor ama esté enfermo, pues es sólo un hombre. El amor de Jesús no nos separa de las necesidades y de las debilidades comunes de la vida humana. Los hombres de Dios siguen siendo hombres. El pacto de gracia no es una carta de privilegio que nos exima de la tisis, o del reumatismo, o del asma. Los males corporales, que nos sobrevienen por causa de nuestra carne, nos acompañarán hasta la tumba, pues Pablo dice: "..Los que estamos en este tabernáculo gemimos.."
Aquellos a quienes el Señor ama, son más propensos a enfermarse, pues están bajo una disciplina peculiar. Está escrito: "..Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.." La aflicción de cualquier tipo, es una de las señales de los hijos verdaderamente nacidos de Dios, y sucede con frecuencia que la prueba toma la forma de la enfermedad. ¿Habría de sorprendernos, entonces, que tengamos que tomar nuestro turno en el lecho de la enfermedad? Si Job, y David y Ezequías en su momento tuvieron que dolerse, ¿quiénes somos nosotros para sorprendernos porque nos encontremos sufriendo de mala salud?
Tampoco debería sorprendernos que nos enfermemos, si reflexionáramos en el grandioso beneficio que fluye de la prueba hacia nosotros. Yo desconozco qué perfeccionamiento peculiar haya sido obrado en Lázaro, pero muchos discípulos de Jesús habrían sido de poca utilidad si no hubiesen sido afligidos.
Los hombres fuertes son proclives a ser duros, mandones e indiferentes, y, por tanto, necesitan ser colocados y fundidos en el horno.
He conocido a ciertas mujeres cristianas que nunca habrían sido tan delicadas, tiernas, sabias, experimentadas y santas si no hubiesen sido ablandadas por el dolor físico.
Hay frutos en el huerto de Dios, así como en el huerto del hombre, que no maduran mientras no sean golpeados. Jóvenes mujeres que son propensas a ser volátiles, altivas o locuaces, a menudo son entrenadas por una enfermedad tras otra para que estén llenas de dulzura y luz, y de esta manera son enseñadas a sentarse a los pies de Jesús. Muchas de ellas han sido capaces de decir con el salmista: "..Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos.."
Por esta razón, incluso aquellas que son favorecidas y benditas entre las mujeres, pueden sentir que una espada atraviesa sus corazones.
Muchas veces esta enfermedad de los amados del Señor es para el bien de otros. A Lázaro se le dejó que se enfermara y muriera, para que por su muerte y resurrección los apóstoles fueran beneficiados. Su enfermedad fue "para la gloria de Dios".
A lo largo de todos estos mil novecientos años que han transcurrido desde la enfermedad de Lázaro, todos los creyentes han obtenido un bien de ello, y, esta tarde, todos estamos tanto mejor porque Lázaro languideció y murió.
La iglesia y el mundo pueden extraer un inmenso beneficio de las aflicciones de los hombres buenos: los descuidados pueden ser despertados, los que dudan pueden ser convencidos, los impíos pueden ser convertidos y los enlutados pueden ser consolados a través de nuestro testimonio en la enfermedad; y, si es así, ¿desearíamos evitar el dolor y la debilidad? ¿Acaso no estamos muy dispuestos a que nuestros amigos digan de nosotros también: "..Señor, he aquí el que amas está enfermo.."?
Charles Spurgeon

sábado, 28 de abril de 2012

La maldición universal de Dios

"..Amigo mío, no es tan fácil llegar a la realidad, que es ésta: Que la maldición de Dios reposa sobre cada uno de nosotros tal como somos por naturaleza delante de él.
Puede que seas la persona más moral del mundo, pero la maldición de Dios reposa sobre ti. Puede que seas encantador en tu vida, casi semejante a Cristo en tu conducta, pero si no has nacido de nuevo y no has sido regenerado por la gracia soberana, la maldición de Dios sigue reposando sobre tu cabeza: Si has cometido tan sólo un pecado en tu vida, la justicia de Dios es tan inexorable que condena al hombre por una sola transgresión aislada; y aunque tu vida desde ahora en adelante fuese una carrera continua de santidad, si has pecado tan sólo una vez, a no ser que estés refugiado bajo la sangre de Cristo, los truenos del Sinaí rugen sobre ti, y los rayos de la terrible venganza destellan sobre ti.
¡Ah, mis oyentes! ¡Cuán humillante es esta doctrina para nuestro rogullo! Que la maldición de Dios está sobre cada hombre de la simiente de Adán; que cada hijo nacido en este mundo ha nacido bajo la maldición, por cuanto ha nacido bajo la ley; y que en el momento en que he pecado, aunque transgreda sólo una vez, estoy desde aquel momento ya condenado; porque dice: "..Maldito todo aquel que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas..". Maldito sin una sola esperanza de misericordia, a no ser que halle esta misericordia, a no ser que halle esta misericordia en el Sustituto "hecho por nosotros maldición".
Es un pensamiento terrible, que el rastro de la serpiente está por toda la tierra; que el veneno está en la fuente de cada corazón; que la corriente de la sangre en todas nuestras venas está corrompida; que todos estamos condenados; que cada uno de nosotros, sin excepción, sea filántropo, senador, filósofo, teólogo, príncipe, monarca, está bajo maldición, a no ser que acudamos a Cristo, y hayamos sido absueltos por medio de él.."
Charles Spurgeon (Del libro "Sermones Selectos" Volúmen 5)

sábado, 31 de marzo de 2012

Predicar sin oración

"..La predicación que mata es la predicación sin oración. Sin la oración el predicador crea la muerte y no la vida.
El predicador que es débil en la oración es débil también para impartir el poder vivificador. El predicador que ha dejado de considerar la oración como un elemento importante y decisivo en su propio carácter, ha privado a su predicación del poder de dar vida.
No falta la oración profesional, pero ésta apresura la obra mortal de la predicación. La oración profesional enfría y mata al mismo tiempo la predicación y la plegaria.
Gran parte de la falta de devoción y reverencia que muestran las congregaciones cuando se ora, puede atribuirse a la oración profesional en el púlpito.
Las oraciones en muchos púlpitos son largas, argumentadoras, secas, vacías. Sin unción y sin espíritu caen como una helada sobre todo el servicio.
Son oraciones que matan. Bajo su aliento desaparece todo vestigio de devoción. Cuánto mas muertas son, tanto mas largas se hacen.
Lo que necesitamos son oraciones cortas, vivas, que salgan del corazón, inspiradas por el Espíritu Santo, directas, específicas, ardientes, sencillas y reverentes.
Una escuela para enseñar a los predicadores a orar como a Dios le agrada, sería de más provecho para la verdadera piedad, para el culto y para la predicación que todas las escuelas teológicas.."
Edmund Bounds (Del libro: "La oración, fuente de poder")

viernes, 9 de marzo de 2012

"El infierno desapareció. Y nadie se dió cuenta"

"..El infierno desapareció. Y nadie se dió cuenta.." Con esta observación sucinta, el historiador eclesiático, Martin Marty, resumió nuestra actitud hacia una doctrina extinta que recibió cuidadosa atención en generaciones pasadas. Si asistes a la iglesia, pregúntate cuándo fue la última vez que en la iglesia o escuela domincial escuchaste un sermón entero acerca del tema.
Un artículo reciente de la revista Newsweek decía: "..Hoy en día, el infierno es la palabra temida de la teología, un tema demasiado trillado para la erudición seria.." Gordon kaufman de la escuela de Divinidad en Harvard, cree que hemos pasado por una transformación de ideas, y afirma: "No creo que haya mucho futuro para el cielo y el infierno"
Debemos admitir que el infierno es un tema desagradable. Los incrédulos no creen que exista; la mayoría de los cristianos lo ignoran. Aún los mas firmes expertos bíblicos callan con frecuencia por verguenza. El infierno, más que cualquier otra doctrina de la Biblia, parece estar fuera de lugar en nuestros tiempos.
Sin embargo, leemos que en el juicio final los que murieron siendo incrédulos, en todas la épocas, se encuentran ante Dios para ser juzgados: "..Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego....Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de de fuego.." (Apocalipsis 20:14 y 15).
Esta es apenas una de las muchas descripciones del infierno que se encuentran en la Biblia. ¿Qué vamos a hacer respecto a esta enseñanza?

Erwin Lutzer (Del libro "Tu primer minuto después de morir").

miércoles, 7 de marzo de 2012

Una vida desperdiciada

Somos conducidos al mismo lugar sangriento por la pregunta de la única pasión. La Biblia nos empuja en esta dirección. Por ejemplo, el apóstol Pablo dijo que su vida y ministerio estaban anclados en un único objetivo: "..Pues me propuse no saber otra cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado.." (1º Corintios 2:2)
Esto es sorprendente, en vista de la variedad y cantidad de cosas de las que hablaba. Debe haber algún sentido en el que "Jesucristo crucificado" sea la base y la suma de todo lo que dice Pablo.
Nos empuja a ver nuestras vidas con un solo punto de enfoque, y la cruz de Cristo es ese punto.
No se necesita saber muchas cosas para que nuestra vida deje una huella perdurable en el mundo. Pero sí debemos saber unas pocas cosas que importan, quizá una sola, y estar dispuestos a vivir y a morir por ella. Las personas que dejan un impacto duradero en el mundo no son las que dominan demasiadas cosas, sino las que son maestras en una sola gran cosa.
Si queremos que nuestra vida importe, si queremos que las piedrezuelas que echemos produzcan olas que lleguen hasta la orilla opuesta y sigan provocando oleaje por toda la eternidad, no necesitamos tener un alto cociente intelectual. No se necesita ser bien parecido, ni rico, ni venir de una buena familia, ni haber ido a una buena escuela. En cambio, sí hace falta saber unas pocas cosas grandiosas, majestuosas, invariables, obvias, simples, o quizá una sola que abarque todas estas cualidades y apasionarse por ellas.
Quizá no estemos seguros acerca de querer que nuestra vida se destaque. Quizá no nos importe mucho si logramos distinguirnos por algo grandioso. Solo queremos que la gente nos quiera. Nos sentimos satisfechos si a las personas les gusta estar con nosotros. O si tenemos un buen empleo, una buena esposa, o esposo, buenos hijos y un lindo automóvil, largos fines de semana, unos pocos buenos amigos, una buena jubilación, una muerte rápida y sin sufrimiento y nada de infierno. Si pudiéramos tener todo eso (Aún sin Dios), nos sentiríamos satisfechos. Esta es una tragedia en potencia. Una vida desperdiciada.

John Piper (Del libro "No desperdicie su vida")

viernes, 2 de marzo de 2012

El hombre mas indeseable del mundo

¡El hombre más indeseable del mundo todavía está vivo hoy! No ha muerto. en realidad, está muy activo en la actualidad. Aún tiene familiares en casi todo lugar. Apenas ayer pasé varias horas con El Hablando respecto a este mensaje.
Muchos de ustedes también lo conocen. Sin lugar a duda, El Hombre más indeseable del mundo es ¡Jesucristo, el Hijo del Dios Viviente!
En la Plaza Roja de Moscú hay cuadros enormes con las imágenes de Lenin, Stalin y otros líderes comunistas; todos adornados con terciopelo rojo. Deberían colgar otro cuadro en la Plaza Roja: Una imagen de Jesucristo; rodeada de estopa negra, con las siguientes palabras debajo: "El hombre más indeseable de Rusia: ¡Jesucristo!"
Si uno va a Inglaterra, a los salones del Parlamento o a las grandes catedrales inglesas, verá todos los cuadros de reyes y reinas del pasado. Algunos fueron amados, otros odiados, pero allí también falta un cuadro. Deberíal colgar allí, donde todos los ingleses pudieran verlo, un cuadro enorme de Jesucristo, con el letrero: "¡El hombre más indeseable de Inglaterra!"
En Washington, D.C, la capital de Estados Unidos, se ven los retratos de los presidnetes del pasado en el Capitolio y en los salones del congresos. Hay monumentos a Lincoln y a Washington. Deberían construir un monumento especial solamente con un cuadro de Jesucristo y estas palabras: "Este hombre es el verdadero Padre del país! ¡El lo plantó, regó y prosperó, pero hoy en día es el Hombre más indeseable de esta sociedad!"
Entremos a las bibliotecas y aulas de casi cualquier seminario del país. escuchemos a los teólogos impíos que aborrecen a Cristo; veamos que los libros de alta crítica se deleitan en robar y destruir la fe. Entremos a las grandes catedrales y miremos las ventanas con imágenes de Jesucristo en colores en los vidrios de casi todas; luego oigamos lo que ellos llaman evangelio. No predican al Jesucristo verdadero, sino a otro. ¿Por qué no son sinceros? Deberían poner una placa de bronce debajo de los vitrales de Jesucristo que diga: "¡Indeseable!"
Ni siquiera el mundo religioso lo quiere. Creo que a Jesucristo lo desean menos los descarriados, los líderes eclesiásticos corrompidos, las organizaciones eclesiásticas liberales y los cristianos transigentes y dominados por las pasiones. Hay una idolatría de Jesucristo en la religión actual que es tan real y tan fea como la idolatría a Baal y todos los demás ídolos del Israel antiguo.
Han dejado al verdadero Jesucristo de santidad, la cruz, el arrepentimiento y la separación y se han tallado otro Jesús en su imaginación.
Su "Jesús" es como ellos, que toleran el pecado sólo con palabras de hermandad, amor y unidad. Le han puesto el nombre de Jesucristo a la imagen mala y corrompida que hicieron. Ese no es el evangelio de Cristo ni el Jesús verdadero. Usan las palabras correctas, pero no adoran al Cristo que conocemos. Pablo advirtió contra los que predican "a otro Jesús...otro espíritu...u otro evangelio" (2º Corintios 11:4)

Pastor David Wilkerson (De su Libro "Exhorta a la Iglesia")

jueves, 1 de marzo de 2012

Hombre de destino (Semblanza de Samuel Sórensen)

"..Es propio de hombres de destino, fundirse de tal forma con la visión que ha cautivado sus almas, y a la cual se han entregado, que sus propias vidas se pierden. Desaparece la humana mezquindad que mide cada paso y esfuerzo, y el ser se arroja a las llamas del altar como holocausto, como ofrenda grata. Ya no importa el yo, el yo no existe, se ha desvanecido, se ha fusionado con la obra en comendada, para ser sólo el reflejo de esta.
Pablo lo vivió en carne propia, y lo manifiesta cuando dice: "..Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí.."
Ya no importaban las cárceles, los azotes, los peligros. Ya no importaban los trabajos, las fatigas, los desvelos. Su dolor era por sus hijos: "..Por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto.." Todo su ser estaba comprometido con la tarea, hasta llegó a decir: "..Y aunque sea derramada en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo en todos vosotros.."
Ya no era que no podía detenerse, sino que, no quería detenerse. Como aquella buena madre que entrega su vida por dar a luz a su hijo. Aunque sepa que quizá corra serio riesgo de morir en el parto, pero en ese momento su vida ya no vale, sólo quiere ver nacer a ese fruto de sus entrañas. Quiere que él viva, aunque le cueste la vida.
Ese vino derramado sobre el altar, tenía valor. No era vino ordinario, ni agrio. Era el mejor vino, por eso servía. Era una ofrenda grata. Pero era tal el desprendimiento de sí mismo, que ni siquiera mantenía su identidad como ofrenda, sino que se derramaba, perdiéndose en la identidad de lo ofrendado.
Esto es propio de verdaderos siervos de Dios, no destacarse a sí mismos, sino desaparecer en Jesús y su obra. Juan el Bautista lo dijo: "..A El le conviene crecer, a mí menguar.." Y Pablo manifiesta; "..Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.."
Es el yo egoísta y mezquino que impide que me derrame sobre el altar, pero cuando ese yo muere, y a veces en un proceso duro y difícil, se produce esa identificación maravillosa. Podemos entrar en la categoría de los que pierden su vida y no entre aquellos que la guardan de manera mezquina.."

Pastor Roberto Sórensen - Del libro: "El triunfo del sistema de la FE"