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lunes, 25 de junio de 2012

Una responsabilidad de cada cristiano

El trabajo es una responsabilidad dada por Dios. Trabajar no es una maldición que ha de evitarse ni algo que ha de buscarse cuando es inevitable. Al contrario, Dios ordenó el trabajo antes de la caída.
No es parte de una maldición. Adán fue puesto en el huerto "..Para que lo labrara y lo guardase.." antes de caer en pecado (Génesis 2:15).
Aún después del pecado (Aunque esto es enormemento agravado por los resultados de la caída y la maldición) es todavía verdad que el trabajo ocupa un lugar muy importante en la vida del hombre.
Antes de cristo, las naciones de la antiguedad despreciaban el trabajo honrado y lo relegaban a los esclavos. Como dijimos en el Capítulo 2, tres cuartas partes de los habitantes de Atenas y la mitad de los de Roma eran esclavos.
En Hechos 17 podemos obtener una pequeña muestra de cómo los "caballeros" no trabajaban en la antigua Grecia cuando Pablo visitó Atenas para difundir el evangelio; el 21 dice: "..Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.."
Cristo revolucionó el trabajo. Al utilizar el serrucho, el martillo y la regla, le dio renovada dignidad al trabajo. Con el correr de los siglos, donde el evangelio ejerció su influencia dentro y a través de un país, llevó a los esclavos y siervos a la categoría de clase trabajadora. Sin trabajo, es imposible para un ser humano cumplir la tarea que Dios nos ha dado para esta vida.

Doctor James Kennedy
Del libro: ¿Y qué su Jesús no hubiera nacido?

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