Puede que seas la persona más moral del mundo, pero la maldición de Dios reposa sobre ti. Puede que seas encantador en tu vida, casi semejante a Cristo en tu conducta, pero si no has nacido de nuevo y no has sido regenerado por la gracia soberana, la maldición de Dios sigue reposando sobre tu cabeza: Si has cometido tan sólo un pecado en tu vida, la justicia de Dios es tan inexorable que condena al hombre por una sola transgresión aislada; y aunque tu vida desde ahora en adelante fuese una carrera continua de santidad, si has pecado tan sólo una vez, a no ser que estés refugiado bajo la sangre de Cristo, los truenos del Sinaí rugen sobre ti, y los rayos de la terrible venganza destellan sobre ti.
¡Ah, mis oyentes! ¡Cuán humillante es esta doctrina para nuestro rogullo! Que la maldición de Dios está sobre cada hombre de la simiente de Adán; que cada hijo nacido en este mundo ha nacido bajo la maldición, por cuanto ha nacido bajo la ley; y que en el momento en que he pecado, aunque transgreda sólo una vez, estoy desde aquel momento ya condenado; porque dice: "..Maldito todo aquel que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas..". Maldito sin una sola esperanza de misericordia, a no ser que halle esta misericordia, a no ser que halle esta misericordia en el Sustituto "hecho por nosotros maldición".
Es un pensamiento terrible, que el rastro de la serpiente está por toda la tierra; que el veneno está en la fuente de cada corazón; que la corriente de la sangre en todas nuestras venas está corrompida; que todos estamos condenados; que cada uno de nosotros, sin excepción, sea filántropo, senador, filósofo, teólogo, príncipe, monarca, está bajo maldición, a no ser que acudamos a Cristo, y hayamos sido absueltos por medio de él.."


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