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sábado, 31 de marzo de 2012

Predicar sin oración

"..La predicación que mata es la predicación sin oración. Sin la oración el predicador crea la muerte y no la vida.
El predicador que es débil en la oración es débil también para impartir el poder vivificador. El predicador que ha dejado de considerar la oración como un elemento importante y decisivo en su propio carácter, ha privado a su predicación del poder de dar vida.
No falta la oración profesional, pero ésta apresura la obra mortal de la predicación. La oración profesional enfría y mata al mismo tiempo la predicación y la plegaria.
Gran parte de la falta de devoción y reverencia que muestran las congregaciones cuando se ora, puede atribuirse a la oración profesional en el púlpito.
Las oraciones en muchos púlpitos son largas, argumentadoras, secas, vacías. Sin unción y sin espíritu caen como una helada sobre todo el servicio.
Son oraciones que matan. Bajo su aliento desaparece todo vestigio de devoción. Cuánto mas muertas son, tanto mas largas se hacen.
Lo que necesitamos son oraciones cortas, vivas, que salgan del corazón, inspiradas por el Espíritu Santo, directas, específicas, ardientes, sencillas y reverentes.
Una escuela para enseñar a los predicadores a orar como a Dios le agrada, sería de más provecho para la verdadera piedad, para el culto y para la predicación que todas las escuelas teológicas.."
Edmund Bounds (Del libro: "La oración, fuente de poder")

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