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miércoles, 7 de marzo de 2012

Una vida desperdiciada

Somos conducidos al mismo lugar sangriento por la pregunta de la única pasión. La Biblia nos empuja en esta dirección. Por ejemplo, el apóstol Pablo dijo que su vida y ministerio estaban anclados en un único objetivo: "..Pues me propuse no saber otra cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado.." (1º Corintios 2:2)
Esto es sorprendente, en vista de la variedad y cantidad de cosas de las que hablaba. Debe haber algún sentido en el que "Jesucristo crucificado" sea la base y la suma de todo lo que dice Pablo.
Nos empuja a ver nuestras vidas con un solo punto de enfoque, y la cruz de Cristo es ese punto.
No se necesita saber muchas cosas para que nuestra vida deje una huella perdurable en el mundo. Pero sí debemos saber unas pocas cosas que importan, quizá una sola, y estar dispuestos a vivir y a morir por ella. Las personas que dejan un impacto duradero en el mundo no son las que dominan demasiadas cosas, sino las que son maestras en una sola gran cosa.
Si queremos que nuestra vida importe, si queremos que las piedrezuelas que echemos produzcan olas que lleguen hasta la orilla opuesta y sigan provocando oleaje por toda la eternidad, no necesitamos tener un alto cociente intelectual. No se necesita ser bien parecido, ni rico, ni venir de una buena familia, ni haber ido a una buena escuela. En cambio, sí hace falta saber unas pocas cosas grandiosas, majestuosas, invariables, obvias, simples, o quizá una sola que abarque todas estas cualidades y apasionarse por ellas.
Quizá no estemos seguros acerca de querer que nuestra vida se destaque. Quizá no nos importe mucho si logramos distinguirnos por algo grandioso. Solo queremos que la gente nos quiera. Nos sentimos satisfechos si a las personas les gusta estar con nosotros. O si tenemos un buen empleo, una buena esposa, o esposo, buenos hijos y un lindo automóvil, largos fines de semana, unos pocos buenos amigos, una buena jubilación, una muerte rápida y sin sufrimiento y nada de infierno. Si pudiéramos tener todo eso (Aún sin Dios), nos sentiríamos satisfechos. Esta es una tragedia en potencia. Una vida desperdiciada.

John Piper (Del libro "No desperdicie su vida")

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